Me pasa como a Cervantes,
que leía hasta los papeles que el viento llevaba por las calles, y no recuerdo
ahora, de las cien gacetas que llegan a casa cada día, dónde he leído lo que
tampoco recuerdo quién ha dicho: que tras la invención de la rueda el más importante
descubrimiento de la Humanidad ha sido internet.
Hombre, «tampoco es pá
ponerse así», que diría la chirigota de Los Borrachos. Después de la rueda, no
sé; pero tras la imprenta desde luego que es el máximo descubrimiento. Y no
está sujeto a ningún control. Todos los medios de divulgación fueron
inmediatamente controlados por algún poder al ser creados.
Cuando la imprenta dejó
obsoletas las copisterías monacales de libros de los frailes pendolistas, la
Iglesia y los reinos controlaron el invento de Gutenberg. El «nihil obstat» y
el «imprimatur» son casi tan antiguos como la imprenta. Cuya libertad en España
no vendría hasta las Cortes de 1812: Cádiz tuvo que ser con su Caleta
plateada...
Al inventarse la Radio, los
Estados la controlaron inmediatamente. Los gobiernos asignaban permisos y
frecuencias de emisión, como las EAJ de España. Aún recuerdo aquel indicativo
de mi infancia, que brindo a mi amigo Antonio Hernández Rodicio: «Aquí EAJ-5,
Radio Sevilla». Sí, las emisoras tenían nombres como para ser escritos en la
cola de un avión, no para lanzados a las ondas. Y cuando vino la Televisión,
los Estados, bien preparados en el control de la radiodifusión, tampoco se
dejaron escapar el invento. Hasta tal punto que, en el caso español, la
Televisión fue un apéndice del poder político, que la mantuvo en el monopolio
de la titularidad pública hasta la Restauración de la Monarquía con Don Juan
Carlos (si no hubiera habido II Restauración no habría sido posible la I
Transición.)
Pero no sé por qué, será
porque los gobiernos no manejaban las nuevas tecnologías o no les dieron
importancia y creyeron que eran unos chalados con sus locos cacharros de
CompuServe, internet fue y es el primer medio de comunicaciòn masiva que nace y
se desarrolla en completa libertad, sin control alguno por parte de los poderes
públicos, salvo las hodiernas excepciones de China, Corea del Norte, Cuba y
otros «paraísos» venerados por la progresía. Progresía que, con más vista
estratégica que todo poder constituido sobre la tierra, se ha hecho dueña y
señora de internet. Hablo especialmente de ese medio cada día más potente, que
se escapa de las manos como aprendiz de brujo y que tiene nombre de restaurante
de pescado y marisco frecuentado por los barandas mangones de la UGT: las Redes.
Sociales, naturalmente. ¿Sociales o socialistas? Del PP desde luego que no son
las redes. Ciertas redes. Porque yo creo que hay al menos dos niveles
perfectamente distinguibles en esa redes, y hablo ahora más de Twitter que de
Facebook. Hay una red digamos institucional, donde puedes leer inmediatamente
las noticias de última hora de periódicos, radios y televisiones con toda
solvencia o los comunicados de los organismos oficiales. Ese Twitter es como un
periódico que te configuras a tu gusto y que te tiene informado al momento. Una
maravilla. Tan inmediato, que cuando pones Radio 5 de RNE en un boletín
horario, las noticias que oyes ya se te han quedado viejas. Las has leído hace
más media hora en Twitter.
Pero junto a esa red de
servicio público o de comunicación cultural está el Puerto de Arrebatacapas de
la jungla, de la selva. De las hordas y las turbas de Twitter. Que existen.
Anónimas. Cobardes. Incalificables. En bastantes casos, delictivas. Me
avergüenzo del género humano al leer los mensajes monstruosos de las hordas en
Twitter tras el asesinato de la leonesa Isabel Carrasco. Aún estamos a tiempo
de que, al igual que hay una Fiscalía Anticorrupción, una Fiscalía Antibasura
persiga a las delictivas hordas anónimas de la cobarde chusma antisistema que virtualmente
se ha adueñado de invento tan maravilloso como Facebook o Twitter.

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